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Las más de tres décadas de integración en la Unión Europea han tenido una gran repercusión en el sistema educativo español. Han supuesto la llegada de varios miles de millones de euros para la mejora de todas las enseñanzas, han permitido la reestructuración y la apertura al mundo de las universidades españolas con la implantación del espacio europeo de educación superior, pero sobre todo ha significado la participación en uno de los programas más exitosos del proyecto europeo, el Erasmus.

El Programa Erasmus comenzó su andadura en junio de 1987, solo un año y medio después de la entrada de España en el club comunitario. El siguiente curso, el primero con becas europeas, 95 universitarios españoles se desplazaron a otros países para continuar allí su carrera o para participar en cursos de doctorado durante varios meses y, de paso, para aumentar su manejo de idiomas y enfrentarse a una experiencia vital en solitario.

El proyecto fue un éxito desde el principio, y en 2014 superó los límites universitarios y abrió las becas a financiar periodos de formación, prácticas o intercambios en países de toda la UE a los alumnos de FP, al profesorado de todos los niveles educativos, e incluso a estudiantes de colegios e institutos que, junto a sus docentes, se desplazan durante unos días para completar proyectos de colaboración o experiencias de buenas prácticas educativas.

España se volcó desde el primer día en el proyecto y el resultado es que, en sus 32 años de funcionamiento, más de un millón de estudiantes y profesores españoles han completado su formación en otros países gracias al Erasmus. Se ha pasado de los 95 del primer año a los algo más 65.000 erasmus en 2017, que convirtieron a España en el tercer país europeo que más utiliza el programa, tras las más pobladas Alemania y Francia. Cuando hace dos años se conmemoró el 30 cumpleaños del Erasmus, se habían beneficiado de sus ventajas unos 625.000 universitarios españoles, 73.000 estudiantes de FP y 114.000 profesores y estudiantes de todos los niveles educativos, incluida la formación de adultos. El programa, según coinciden todos los expertos, ha permitido la modernización de las instituciones educativas y ha multiplicado las opciones de trabajo de los estudiantes, ya que la tasa de desempleo de los erasmus es un 23% inferior a la del resto.

Además de los alumnos, la principal beneficiada del programa es la universidad española, que ha tenido en estos becarios el revulsivo más potente para su internacionalización. España es desde 2001 el destino preferido de los erasmus y junto a Gran Bretaña el único receptor neto de universitarios becados del continente. En el curso 2016-17 recibió temporalmente en sus facultades a 44.595 alumnos y profesores extranjeros, 5.151 más de los 39.445 estudiantes que envió a otros países. Prueba de su liderazgo es que España tiene diez de las veinte universidades más demandadas por los erasmus, con la de Granada a la cabeza, y con la de Valencia y la Complutense de Madrid entre los cinco primeros puestos.

 

Caída de la inversión nacional

La universidad española recibió también otra gran ayuda de la UE, sobre todo en los peores años de la crisis, fondos para investigación. Los cerca de mil millones de euros para la financiación de infraestructuras, personal y programas que las facultades públicas españolas captaron entre 2008 y 2016 en Europa permitieron mantener a flote unos equipos y proyectos en serio riesgo de supervivencia por el desplome de las inversiones en I+D españolas.

Las universidades públicas, según los análisis de la CRUE, vieron descender a partir de 2008 sus fondos para investigación entre el 15% y el 35% por el fuerte recorte de la financiación tanto pública como privada. Por ese motivo, redirigieron sus esfuerzos a la captación de fondos europeos, que acabaron por convertirse de media en el 20% de todos sus recursos para proyectos de I+D. Los fondos captados en la UE pasaron de 140 millones anuales en 2008 a más de 220 hace tres años.

Europa también ha aportado ayudas directas para la mejora y la extensión de la educación obligatoria y las enseñanzas medias. El Fondo Social Europeo cofinanció en los tres últimos años programas de mejora del sistema educativo español por valor de 733 millones. Estos fondos, que deben ser complementados por el Estado y las comunidades autónomas, tuvieron entre otros destinos el desarrollo de la FP y programas de refuerzo contra el fracaso escolar y para la reducción del abandono temprano de los estudios.

 

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The more than three decades of integration into the European Union have had a great impact on the Spanish education system. They have meant the arrival of several billion euros for the improvement of all the teachings, they have allowed the restructuring and opening to the world of Spanish universities with the implementation of the European Higher Education Area, but above all it has meant participation in one of the most successful programs of the European project, Erasmus.

The Erasmus Program began in June 1987, only a year and a half after Spain entered the community club. The following course, the first with European scholarships, 95 Spanish university students traveled to other countries to continue their career or to participate in doctoral courses for several months and, incidentally, to increase their language management and face a vital experience In solitary.

The project was a success from the beginning, and in 2014 it exceeded university limits and opened the scholarships to finance training periods, internships or exchanges in countries across the EU to FP students, teachers of all educational levels, and even to students of colleges and institutes who, together with their teachers, travel for a few days to complete collaborative projects or experiences of good educational practices.

Spain turned from the first day on the project and the result is that, in its 32 years of operation, more than one million Spanish students and teachers have completed their training in other countries thanks to Erasmus. It has gone from 95 in the first year to just over 65,000 Erasmus in 2017, which made Spain the third European country that  most uses the program, after the most populous Germany and France. When two years ago Erasmus's 30th birthday was commemorated, some 625,000 Spanish university students, 73,000 FP students and 114,000 teachers and students of all educational levels had benefited, including adult training. The program, as all experts agree, has allowed the modernization of educational institutions and has multiplied the student's work options, since the unemployment rate of Erasmus students is 23% lower than the rest.

In addition to the students, the main beneficiary of the program is the Spanish university, which has had in these fellows the most powerful revulsion for their internationalization. Spain has been the preferred destination for Erasmus since 2001 and, together with Great Britain, the only net recipient of scholarship students on the continent. In the 2016-17 academic year, it temporarily received in its faculties 44,595 foreign students and teachers, 5,151 more than the 39,445 students that it sent to other countries. Proof of his leadership is that Spain has ten of the twenty universities most demanded by the Erasmus, with Granada in the lead, and with Valencia and the Complutense of Madrid in the top five.

 

Fall in national investment

The Spanish university also received another great help from the EU, especially in the worst years of the crisis, funds for research. The nearly one billion euros for the financing of infrastructure, personnel and programs that the Spanish public faculties captured between 2008 and 2016 in Europe allowed to keep afloat some equipment and projects at serious risk of survival due to the collapse of investments in Investigation and Development.

Public universities, according to the CRUE analysis, saw their research funds fall from 15% to 35% since 2008 due to the sharp cut in both public and private funding. For that reason, they redirected their efforts to raising European funds, which eventually became an average of 20% of all their resources for R&D projects. The funds raised in the EU went from 140 million annually in 2008 to more than 220 three years ago.

Europe has also provided direct support for the improvement and extension of compulsory education and secondary education. In the last three years, the European Social Fund cofinanced programs to improve the Spanish education system worth 733 million. These funds, which must be complemented by the State and the Autonomous Communities, had among other destinations the development of VET and reinforcement programs against school failure and for the reduction of early school leaving.

 

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